Tecnología

El robot del MIT que vuela y bucea como un ave marina sin patas

Un equipo del MIT y la EPFL presentó un dron con alas batientes que transita sin esfuerzo entre el aire y el agua. Inspirado en aves buceadoras, resuelve el despegue desde el mar con un ángulo preciso y abre la puerta a exploración remota más económica.

Publicado el 26 de julio de 2026, 15:00 hs

Robot alado del MIT emergiendo del agua con alas extendidas y cola orientable
Xataka

Un pequeño robot de 300 gramos con alas batientes ya puede volar, sumergirse y volver a despegar del agua sin necesidad de patas. El desarrollo, liderado por ingenieros del MIT y la EPFL, demuestra que la biomimética sigue siendo una de las vías más fructíferas para resolver problemas de transición entre medios.

El vehículo, al que denominan FAAV (vehículo aéreo-acuático de alas batientes), prescinde completamente de hélices. En su lugar cuenta con dos alas flexibles unidas a un fuselaje central que alberga batería y motor. Las alas están recubiertas por una membrana hidrófuga que repele el agua, evitando que se adhiera y aumente el peso al salir a la superficie. Una cola orientable le permite ajustar su inclinación tanto para entrar como para salir del agua.

El equipo estudió más de 100 especies de aves buceadoras —frailecillos, petreles, martines pescadores y gaviotas, entre otras— para entender cómo varían la frecuencia de aleteo y la mecánica de transición según el tamaño. Observaron que las aves más pequeñas aletean unas diez veces en el aire y unas cuatro en el agua, mientras que las más grandes reducen notablemente esa frecuencia. Con esa información construyeron varias configuraciones de alas intercambiables para probar distintos regímenes de vuelo.

Uno de los hallazgos más interesantes es que el robot consigue despegar del agua sin patas, algo que la mayoría de las aves buceadoras usan para impulsarse. El truco está en el ángulo: después de múltiples pruebas, los investigadores determinaron que debe emerger a aproximadamente 70 grados. Si la inclinación es mayor, el aparato pierde sustentación y cae hacia atrás.

Más allá del ejercicio de biomimética, el interés práctico es claro. Raphael Zufferey, autor principal del estudio, imagina estos robots lanzados desde un barco o la costa para llegar volando hasta un iceberg, un puerto o un grupo de ballenas, sumergirse a tomar mediciones o muestras y regresar con los datos. La ventaja es económica y temporal: en lugar de esperar días o semanas a que un buque oceanográfico llegue al sitio, se podría repetir la operación cada hora.

La exploración remota en entornos hostiles —océanos, lagos remotos, zonas polares— es uno de los campos donde este tipo de vehículos multi-medio podría marcar una diferencia real. Hoy los drones submarinos y los aéreos operan en mundos separados; un aparato que transite ambos reduce la necesidad de múltiples plataformas y simplifica la logística.

Los próximos pasos del equipo incluyen dotar a las alas de capacidad de giro además de aleteo, y probar el robot en condiciones más exigentes: olas, viento y corrientes. También exploran cómo mejorar la autonomía y la robustez para que pueda operar de forma repetida sin intervención humana constante.

Este desarrollo no es solo una curiosidad tecnológica. Pone sobre la mesa cómo el diseño inspirado en la naturaleza sigue siendo una fuente inagotable de soluciones eficientes, especialmente cuando se trata de moverse con elegancia entre el aire y el agua. Y, sobre todo, recuerda que a veces los problemas más complejos se resuelven observando con atención cómo lo han solucionado las especies que llevan millones de años practicando.

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